El Presbiterio Potosino en pleno se rindió a sus plantas a la Patrona titular de la Catedral potosina
En la hermosa y arquitectónica Catedral metropolitana potosina, se celebró la solemne concelebración Eucarística en honor a Nuestra Señora de la Expectación, Festividad que se celebra con gran regocijo cada 18 de Diciembre, pero fue el pasado 19 del mismo mes, en que Monseñor Jesús Carlos Cabrero Romero presidió la magna festividad mariana, acompañado de los Arzobispos: Monseñor Jorge Alberto Cavazos Arizpe y Monseñor Luis Morales Reyes, quienes concelebraron con él.
Para honrar y venerar a la Santísima Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de la Expectación, también se dio cita todo el Presbiterio en Pleno, con el fin de dar gracias a la Patrona de la Santa Iglesia Catedral Potosina y de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, por todas las bendiciones que les concedió durante todo el año, y celebrar así su Misa anual de festejo navideño y de fin de año.
Nuestra Señora de la Expectación es Patrona de la hermosa Catedral potosina, Patrona de los Sacerdotes, por lo que todos acudieron a postrarse a sus plantas para darle gracias por un año más de bendiciones y por todos los frutos recibidos, le agradecieron su protección y sus favores recibidos, al ir de la mano de Ella y de permitirles ejercer su Ministerio Sacerdotal con suma fidelidad al estar en la gracia de Dios.
Cabe señalar que en la Misa vespertina, acudieron cientos de mujeres embarazadas y de mujeres que piden a la Virgen de la Expectación el don de la maternidad, cuando por diversos problemas de salud de diversa índole, no han podido embarazarse.
En su emotiva homilía cargada de profunda espiritualidad mariana, Monseñor Cabrero Romero, indicó que cada día de nuestra vida, en cuanto amanezca, debemos implorar la protección de María Santísima, pues Ella es nuestra intercesora, Ella nos libra de caer en tentación, vence al demonio y nos concede vivir en gracia de Dios, en pureza corporal, mental, espiritual y emocional, pues sólo con Ella se vence al mal, al ser nuestra fidedigna medianera, nuestra amada Inmaculada.